miércoles, 14 de julio de 2010

Tantas lunas






Sensualidad podridamente densa, obscena y chorreante... a veces estalla en mi mente todo el deseo acumulado, se me escapa la vanidad y el orgullo que intento mantener oculto bajo una gruesa capa de humildad.
La humildad es necesaria para poder vivir relajadamente. Ser una Diosa es algo agotador si lo haces a todas horas.
Por eso abrazo a mi hombre por detrás, para que no pueda ver el poder divino de mis ojos. Es por ello que me sitúo a su espalda, no quiero que vea a la Diosa, sólo quiero que se sienta acorralado, como un pequeño animal cazado.
Porque sólo yo lo puedo hacerle sentir el hombre más deseado del universo. Quiero que sienta, que sepa que es obra suya la humedad que acerco a sus nalgas.
Que no sepa del control que ejerzo sobre su polla, potente y dura. No quiero que mi mirada vanidosa me delate como a una Diosa.
O tal vez, sí... tal vez quiero que se pegue más a mi piel para que sienta la divinidad que lo envuelve, que lo unta, que lo moja, que lo empuja, que lo viola una y otra y otra y otra vez...
Inmisericorde. Desquiciada.
Porque soy una Diosa y él… mi puto hombre, sólo así se puede entender que mis dedos jugueteen hasta el límite del dolor con sus pezones. Henchidos de placer y micro-orgasmos que se transmiten desde sus nalgas presionadas por mi coño salvaje e impío, e irradian hacia ese corazón, hacia ese cerebro que controlo por encima de todas las cosas.
Incluso por encima de mí misma.
Sólo así se entiende que soy una Diosa, con su cuerpo rendido entre mis brazos.
Mirad sus ojos entrecerrarse cuando mis dedos se enfilan en el elástico de sus calzoncillos, cuando deslizo la tela y dejo su pubis al aire. Mirad como sus ojos se cierran.
Me rinde sus arterias, su sangre, su alma... soy la Diosa y debéis arrodillaros ante mí. Mi hombre es la prueba. No voy a ser humilde.
Lo voy a follar hasta que me grite, hasta que me canse… es mío...
Nada detendrá la cópula salvaje.
No es convicción, no la necesito. Es pura ostentación.
Sólo yo soy capaz de sacar su alma a través de su fluido pegajoso y cálido… vital.
Suda él y sudo yo.
Quiero que se hunda en mi coño y hacerme así aún más divina.
Quiere su bautismo dentro de mi útero ardiente. Ardiente como una forja.
Es mío, no tendré piedad con él. Él me pide que no la tenga.
Y cuando dice eso, temo desfallecer, temo rendirme ante él y perder mi vanidad, mi orgullo y besarlo con un llanto extremo de amor doliente.
Pero abro mi vulva con mis dedos para que se sienta aún más tembloroso… más indefenso.
Mirad como se deja abrir. Si supierais del sutil temblor de sus muslos...
El filamento de fluido que se descuelga de su polla es otra ostentación más de mi vanidad.
Óleo bendito, extremaunción del placer en el infierno.
Yo soy su Diosa y lo arrastraré desde el infierno al purgatorio, desde el séptimo coro celestial al paraíso perdido. Y él se dejará hacer.
Y me jactaré con mi coño en su boca. Es vanidad pura. Es jactancia sangrante.
Somos un reflejo obsceno infinitamente repetido ante el espejo. Profundo. Inconmensurable.

Hay veces... hay veces en las que al llegar al orgasmo lloro. Lloro y pregunta por qué... y nunca sé qué contestar, porque de alegría y emoción condensadas también se llora, y te vuelves un ser de agua y no puedes aguantar y estallas en orgasmos y risas y llanto. Y esto no lo provoca sólo el sexo, sino cuando consigues sexo con la persona que amas profundamente y alcanzas la felicidad total, cuando se suman querer y poder....
Lloro cuando el sexo ya no es sexo sino sentimiento… llora mi incredulidad, mi escepticismo, mi inseguridad. Lloran indignados mis sentidos y esta mente que siempre se empeñó en estar fría.
Ahora las caricias son más suaves.
No dejo de gemir, porque me pones, porque me dueles, porque sabes manejar mis pulsaciones.
Porque me conoces y sabes qué me gusta, qué quiero… cuánto te quiero.
Has hecho de mi piel una propiedad, porque me has convertido en parte de ti...
Cuando recorres mi boca con tus labios... no sé quién soy. No sé qué ha pasado conmigo.
Sabes que muero en cada orgasmo.
A veces… a veces en el pecho, a veces en la boca… a veces me derrito.
Un calor inmenso se desborda en mi interior. Él no sabe, no sabe... no sabe lo que siento...
Yo no sé... no sé... no sé explicar, no sé describir. Sólo lloro.
Quiero dejar de pensar en finales, dejar de pensar en noches de lunas claras.
Lunas claras… lunas claras...
Lunas que me espían, siguen viéndome, colándose por mi ventana. Cuando le beso el cuello, cuando estoy sobre él. Cuando a punto estoy de perder la razón...
Lunas claras.
Cuando me dice "te quiero", lunas claras.
Cuando se lo digo yo, lunas claras.
Si me caigo, si le beso, cuando mi boca juega con él.
Cuando brillo… lunas claras…
Brillan las noches blancas, ensuciadas por una lujuria que trasciende al sexo en esta habitación.
Brillan las noches claras.
Erizas mi vello, desde el vientre y por detrás a través de toda la espina dorsal.
Mi nuca se eriza, mi voz... tiembla.
Ya no sé quien soy cuando estoy contigo.
Y lloro.
Que si voy rápido te me apagas, que si lo hago mejor me dices… te quiero...
Que sabes que lo quiero sentir en mi pecho.
Y mis labios siguen recorriéndote, llevándote a un calor y una humedad que nadie como tú llegó a conocer mejor... jamás. Sintiendo en mi boca la satisfacción, tu placer, cómo cambia al paso de mi lengua, más adentro… movimientos lentos...
Hay veces que al llegar al orgasmo lloro… porque la luna clara me vigila de lejos
Que en las noches la luna, la luna clara...me recuerda, me recrimina, me acecha y me castiga.
Me mira desafiante, me dice... que le quiero.

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Nota de la Flower: chulo eh? pero no es mío. Me lo pasó un amigo, Alfil, y cuando lo leí me quedé como tú.     Ostras, ostras, ostras! (bueno dije ostia) y le metí en un apuro: o lo publicas tu o lo publico yo! Y el pobre no se atrevió a decir que no. Sólo me permití la licencia, con su permiso, de retocar un par de cosillas antes de lanzarlo, pero la historia, las palabras, los hechos son de Alfil y sólo Dios y él sabrán en quien pensaban. Lo que es justo es justo....