jueves, 10 de noviembre de 2011

Seré una reina

- Ven que te de un abrazo, mi princesa preciosa
- que yo no quiero ser una princesa! yo quiero ser pirata!!!
- pues ven que abrace a la pirata más guapa que  ha surcado los mares
- bueno, no, yo lo que quiero es ser es reina

A ver, está feo que lo diga una madre, pero me he empezado a hinchar de orgullo y satisfacción, como diría nuestro monarca Juancar en fechas navideñas, de ver que mi niña con 9 años ha descubierto lo que yo he tardado 40 (y pico), y he pensado para mis adentros: "Dios pio, he parido una mostrua de la inteligencia emocional"

Y ahí estará su madre -si como hasta ahora los planetas más que alinearse me hacen pasillo- para que así sea.  REINA de sus dominios, no princesa pusilánime a la espera de ser rescatada, ni la reina de la copla, la de "serás más que reina, me dijo a mi el payo y yo le creí" que acabas como una María de la O cualquiera.

Y pensando sobre lo de futurible reina me he acordado del poema de Gabriela Mistral (bendito internet), que no se me ha resistido al copia/pega:

TODAS ÍBAMOS A SER REINAS

Todas íbamos a ser reinas,
de cuatro reinos sobre el mar:
Rosalía con Efigenia
y Lucila con Soledad.

En el valle de Elqui, ceñido
de cien montañas o de más,
que como ofrendas o tributos
arden en rojo y azafrán,

Lo decíamos embriagadas,
y lo tuvimos por verdad,
que seríamos todas reinas
y llegaríamos al mar.

Con las trenzas de los siete años,
y batas claras de percal,
persiguiendo tordos huidos
en la sombra del higueral,

De los cuatro reinos, decíamos,
indudables como el Korán,
que por grandes y por cabales
alcanzarían hasta el mar.

Cuatro esposos desposarían,
por el tiempo de desposar,
y eran reyes y cantadores
como David, rey de Judá.

Y de ser grandes nuestros reinos,
ellos tendrían, sin faltar,
mares verdes, mares de algas,
y el ave loca del faisán.

Y de tener todos los frutos,
árbol de leche, árbol del pan,
el guayacán no cortaríamos
ni morderíamos metal.

Todas íbamos a ser reinas,
y de verídico reinar;
pero ninguna ha sido reina
ni en Arauco ni en Copán.

Rosalía besó marino
ya desposado en el mar,
y al besador, en las Guaitecas,
se lo comió la tempestad.

Soledad crió siete hermanos
y su sangre dejó en su pan,
y sus ojos quedaron negros
de no haber visto nunca el mar.

En las viñas de Montegrande,
con su puro seno candeal,
mece los hijos de otras reinas
y los suyos no mecerá.

Efigenia cruzó extranjero
en las rutas, y sin hablar,
le siguió, sin saberle nombre,
porque el hombre parece el mar.

Y Lucila, que hablaba a río,
a montaña y cañaveral,
en las lunas de la locura
recibió reino de verdad.

En las nubes contó diez hijos
y en los salares su reinar,
en los ríos ha visto esposos
y su manto en la tempestad.

Pero en el Valle de Elqui, donde
son cien montañas o son más,
cantan las otras que vinieron
y las que vienen cantarán:

—«En la tierra seremos reinas,
y de verídico reinar,
y siendo grandes nuestros reinos,
llegaremos todas al mar».


2 comentarios:

  1. ¡Lo dicho, resalá, que va pa figura!

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  2. Gracias, eres un amor. Ahora ando pensando si lo será gracias a mí, o a pesar de mí, jajajaja

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