miércoles, 14 de marzo de 2012

Hay días...

en que todo parece fluir.

Después de un fin de semana especialmente cálido, y con el ropaje que da la estima, y las risas que siempre provoca el análisis morfosintáctico del vocabulario mujer-hombre/hombre-mujer, el lunes empezó con esta resaca dulce de saberse querida y entendida, amada y valorada.

Todo empezó bien y acabó mejor, hasta el punto de incluso recuperar el clarinete de mi hija, que ya daba por perdido, y que oh milagro! encontró una persona matriculada en el mismo conservatorio (se constata que SI hay gente buena, y que mi pasillo cósmico sigue sin angosturas). El trabajo salió bien, a la primera.....

Pero me seguía faltando algo.... así que decidí regalarme  un ramo de flores.Porque sí.

- Buenas, me gustaría un ramo de margaritas, pero de estas, no de aquellas. ¿Cómo se llaman?
- Crisantemos
- Ah no! eso no, faltaría, con el día tan bueno que he tenido, no lo voy a cerrar con crisantemos, ni loca! son flores de cementerio!
- que no, que todas las margaritas se llaman Crisantemos, y estas blancas se utilizan para la suerte...

Qué ojo tiene aquí mi primo, que me vió venir y me caló a la primera... y flores compradas. Y yo con el ramo por la calle, que de repente era más alta, más guapa y más de tó.

Mis margaritas (Chrysanthemun) están en la mesilla de noche,  y me las encuentro al ir a dormir, y es lo primero que veo cuando me levanto, y me provocan una sonrisa, que me recuerdan que soy afortunada y que sigue habiendo cosas/personas que merecen la pena y que las quiero cerca, muy cerca: Aut Caesar Aut nihil

Trasteando por internet, veo que no iba tan desencaminado Hassan.

En tiempos de la dinastía C’in (siglo III a.C.), China se debatía en una serie de guerras intestinas y feudales. El noble señor Tan-Son, gobernador de una vasta región del sur, fue derrocado y tuvo que refugiarse en un pueblo del norte. 
Tan-Son estaba a punto de ser vencido por la desesperación, cuando contempló en pleno otoño una resplandeciente flor. Este nimio detalle fue para él una auténtica revelación. De repente se dio cuenta de su situación y de las enseñanzas que tiene reservada la naturaleza a aquellos que saben ver las señales. Esa flor, nacida en unas condiciones climáticas tan duras, representaba la esperanza. El aristocrático señor recuperó entonces su valor y su confianza. Abandonando sus sueños de poder, dedicó el resto de sus días a la poesía, componiendo inspirados poemas a la flor que tan oportunamente lo había salvado. Era el crisantemo, considerada la flor de la vida desde los remotos tiempos de Confucio.


2 comentarios:

  1. Hola acabo de encontrarme con tu blog y me parecen fantásticos todos tus post , en este quería comentarte. Los crisantemos o margaritas me encantan , siempre que puedo compro para mi casa un ramito de ellas, blancas en especial. Me ha llenado de entusiasmo saber que son las flores de la vida y no de los muertos como muchos creen .

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  2. Gracias Alma por tu valoración del blog.
    Hasta que sucedió esta anécdota, yo también pensaba como tú, y también me sorprendió que el significado en su origen fuera tan diametralmente opuesto al que le damos actualmente, y otra coincidencia más!.... la belleza de las margaritas, consigue en ocasiones devolverme la paz y la serenidad que necesito, en ocasiones simplemente las necesito.

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